Ingredientes:

  • 800 g de garbanzos cocidos
  • 300 g de espinacas frescas
  • 200 ml de tomate natural triturado
  • 500 ml de caldo de verduras casero
  • 3 dientes de ajo laminados
  • 1 rebanada de pan del día anterior
  • 1 cucharada de pimentón dulce de la Vera
  • 1 pizca de comino en grano
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 pizca de sal
  • 1 pizca de pimienta negra
  • 2 huevos duros

Instrucciones:

  1. En una cazuela amplia, calienta las 3 cucharadas de aceite de oliva. Añade los 3 dientes de ajo laminados y la rebanada de pan. Cocina hasta que el pan esté dorado y los ajos bailen en el aceite. Retira ambos y ponlos en un mortero con el comino. Machaca hasta obtener una pasta densa.
  2. En ese mismo aceite (que ahora sabe a gloria), añade el tomate natural triturado. Cocina a fuego medio unos 8 minutos hasta que el tomate haya reducido y oscurecido. Aparta la cazuela del fuego, añade el pimentón de la Vera y remueve rápido para que no se queme.
  3. Incorpora los 800 g de garbanzos cocidos a la cazuela. Añade el majado del mortero y los 500 ml de caldo de verduras. Sube el fuego hasta que hierva y luego bájalo. Cocina durante 10-12 minutos a fuego lento para que los sabores se abracen. El caldo debe empezar a espesar gracias al pan.
  4. Añade los 300 g de espinacas frescas poco a poco; al principio parecerán muchas, pero menguan en segundos. Remueve suavemente. Rectifica de sal y pimienta negra. Apaga el fuego en cuanto las espinacas se vuelvan lacias. Sirve con los huevos duros picados por encima para ese contraste de color y textura.