Ingredientes:
- 500 ml de leche entera
- 250 g de harina de trigo común
- 3 huevos tamaño XL
- 30 ml de anís dulce
- 1 g de sal fina
- 15 ml de aceite de oliva suave
- 100 g de azúcar blanco
Instrucciones:
- En un bol amplio, bate los 3 huevos XL con el gramo de sal hasta que estén bien integrados pero sin espuma excesiva. Añade los 30 ml de anís y los 15 ml de aceite de oliva suave. Nota: Mezclar los líquidos primero facilita la integración de la harina después.
- Añade los 250 g de harina tamizada en tres tandas. Usa unas varillas manuales para mezclar desde el centro hacia afuera. Bate hasta que no veas ni un solo rastro blanco.
- Vierte los 500 ml de leche entera poco a poco mientras sigues removiendo. La consistencia debe ser similar a la de una crema de leche ligera, no espesa como la de las tortitas americanas.
- Cubre el bol con un paño limpio y deja que la masa descanse a temperatura ambiente durante al menos 30 minutos. Verás que la mezcla se vuelve más densa y homogénea.
- Pon la sartén a fuego medio alto y pincela con una gota de aceite. Espera hasta que veas un ligero humo blanco; ese es el punto de inicio perfecto.
- Vierte un cazo de masa en el centro y, con un movimiento rápido de muñeca, inclina la sartén en círculos para cubrir toda la superficie. Nota: La primera unidad siempre suele salir mal, es el sacrificio para ajustar la temperatura.
- Cocina durante unos 60 segundos hasta que los bordes comiencen a dorarse y se despeguen solos. Usa los dedos o una espátula fina para darle la vuelta con un movimiento decidido.
- Cocina 30 segundos más por el otro lado. Saca el frisuelo a un plato y, de inmediato, espolvorea generosamente con azúcar blanco. El calor residual hará que el azúcar se funda ligeramente.
- Repite el proceso colocando cada nuevo frisuelo encima del anterior. Esto crea un calor acumulado que mantiene la humedad y hace que se vuelvan más tiernos.