Ingredientes:

  • 500 ml de leche entera
  • 250 g de harina de trigo común
  • 3 huevos tamaño XL
  • 30 ml de anís dulce
  • 1 g de sal fina
  • 15 ml de aceite de oliva suave
  • 100 g de azúcar blanco

Instrucciones:

  1. En un bol amplio, bate los 3 huevos XL con el gramo de sal hasta que estén bien integrados pero sin espuma excesiva. Añade los 30 ml de anís y los 15 ml de aceite de oliva suave. Nota: Mezclar los líquidos primero facilita la integración de la harina después.
  2. Añade los 250 g de harina tamizada en tres tandas. Usa unas varillas manuales para mezclar desde el centro hacia afuera. Bate hasta que no veas ni un solo rastro blanco.
  3. Vierte los 500 ml de leche entera poco a poco mientras sigues removiendo. La consistencia debe ser similar a la de una crema de leche ligera, no espesa como la de las tortitas americanas.
  4. Cubre el bol con un paño limpio y deja que la masa descanse a temperatura ambiente durante al menos 30 minutos. Verás que la mezcla se vuelve más densa y homogénea.
  5. Pon la sartén a fuego medio alto y pincela con una gota de aceite. Espera hasta que veas un ligero humo blanco; ese es el punto de inicio perfecto.
  6. Vierte un cazo de masa en el centro y, con un movimiento rápido de muñeca, inclina la sartén en círculos para cubrir toda la superficie. Nota: La primera unidad siempre suele salir mal, es el sacrificio para ajustar la temperatura.
  7. Cocina durante unos 60 segundos hasta que los bordes comiencen a dorarse y se despeguen solos. Usa los dedos o una espátula fina para darle la vuelta con un movimiento decidido.
  8. Cocina 30 segundos más por el otro lado. Saca el frisuelo a un plato y, de inmediato, espolvorea generosamente con azúcar blanco. El calor residual hará que el azúcar se funda ligeramente.
  9. Repite el proceso colocando cada nuevo frisuelo encima del anterior. Esto crea un calor acumulado que mantiene la humedad y hace que se vuelvan más tiernos.